sábado, 25 de marzo de 2017

Anarquismo: educación, cultura y emancipación social

Desde sus orígenes, el movimiento anarquista ha profesado un amor apasionado por la cultura y la educación; no nos referimos únicamente a las manifestaciones culturales específicas dentro del anarquismo, sino a la cultura y el conocimiento de un modo amplio y liberador.

El sociólogo Christian Ferrer, en su notable obra sobre el movimiento anarquista, afirma que está poco rastreada la influencia que ha tenido sobre los intelectuales y los diferentes grupos sociales de carácter progresista y de vanguardia, a lo largo del siglo XX. De lo que no cabe ninguna duda, es de que el anarquismo ha sido y es una parte primordial del sustrato cultural, ético, político y existencia de los movimientos sociales. Esto es así por varios motivos, que merece la pena analizar. Tal como nos dice Paco Madrid, y como pensamos que se sostiene de manera generalizada por los anarquistas, la propia condición libertaria, que obligaba a prefigurar una sociedad futura sin explotación ni opresión, ayudó a configurar esa asombrosa fortaleza cultural. Solo hay que observar la innumerable cantidad de publicaciones, libros y folletos que publicaron los anarquistas, y que continúan haciendo en la actualidad ayudados por las nuevas tecnologías, ya que consideran que es la mejor herramienta de propagación de las ideas. La prensa anarquista fue innovadora, a pesar de sus lógicas limitaciones, ya que constituía una plataforma de discusión abierta a cualquiera. No hablamos, seguramente, de un gran nivel cultural expresado en crónicas, artículos y formas literarias todo tipo, pero sí de una encomiable energía y espontaneidad, no exentas de cierta belleza, que se daba por lo general en la prensa ácrata. Las publicaciones libertarias, a pesar de contar con un equipo de redacción más o menos fijo, tienen esa condición abierta y colectiva, que le otorgaba una indudable solidez superando cualquier obstáculo al contar con la colaboración de todos.

lunes, 20 de marzo de 2017

Palabras de un rebelde

LaMalatesta Editorial presenta una nueva edición de Palabras de un rebelde, de Piotr Kropotkin, una serie de textos de este gran pensador anarquista, que nos ayuda a comprender cómo se conformó y asentó el pensamiento anarquista clásico.

Esta obra recopila los artículos que Kropotkin escribió entre 1879 y 1882, en el periódico Le Révolté. El gran pensador anarquista, fiel a su método científico, describe los males de la sociedad y la descomposición de los Estados para exponer a continuación las ideas libertarias y la alternativa que suponen. Kropotkin, al menos en el momento de escribir estos textos de Palabras de un rebelde, tenía gran confianza en el advenimiento de una gran revolución. Esta, entendida como un gran acontecimiento que rompiera de forma brusca el desarrollo de la historia, no solo podría acabar con la explotación económica, también sacudiría la desidia intelectual y moral para instaurar una innovadora y enérgica situación. Como es sabido, Kropotkin fue un gran estudioso del papel histórico de los Estados, por lo que sus conclusiones pasaban por haber agotado aquellos sus atribuciones en la civilización humana y debían, por lo tanto, ceder su sitios a nuevas organizaciones basadas en nuevos principios igualitarios. La revolución en la que creía Kropotkin no tendría precedentes, tratando con ello de acallar a los más pesimistas, ya que su principal rasgo sería un carácter general que envuelva a todos los oprimidos, de todos los países, de forma solidaria.

miércoles, 15 de marzo de 2017

La modernidad y la idea central del trabajo

Reflexionamos sobre la idea central del trabajo, en las sociedades modernas, identificado con la libertad y la dignidad humanas, pero reducido a la mera capacidad productiva; la cuestión es que, ahora, que cada vez escasea más en un mundo en el que el bienestar sigue negado para muchos, se requiere un cuestionamiento de esa idea fundamentalista.

El trabajo, al menos en la tradición judeocristiana, es un castigo al mayor de los pecados, como sabemos por la frase "ganarás el pan con el sudor de tu frente". Tal vez, en el paraíso ultraterreno, no sea necesario trabajar, pero en este mundo estaríamos condenados. No obstante, en la Grecia antigua, cuna de la filosofía, tampoco está claro que la idea del trabajo fuera benévola, más bien lo contrario. Seguro que por eso, la libertad no era un bien inherente a seres inferiores, lo esclavos, que no por casualidad eran los encargados de los peores trabajos. En la Edad Media, hallamos ya una reflexión más amplia en torno al trabajo, que discernía entre la mera actividad, la habilidad para una labor o la producción de alguna cosa. Al parecer, ya en esta época el trabajo pasó de ser una maldición a todo lo contrario, un camino para la salvación. Esa división del trabajo en tres aspectos bien diferenciados garantizaba en el orden social ciertas necesidades: espiritualidad, seguridad y provisión de bienes materiales. Alfredo Vallota nos recuerda que ya en el siglo XIII se produce una situación que llega hasta nuestros días, con el predicto del que "el que no trabaja, no come", lo cual relega a la marginalidad a los que se niegan a hacerlo o sencillamente no puede. Esta situación, al igual que en las sociedades de hoy, genera compasión y benevolencia, por un lado, pero también desprecio.

sábado, 11 de marzo de 2017

La carga positiva de la anarquía y del anarquismo

Como bien se ha dicho en multitud de ocasiones, "resulta difícil trazar los rasgos del anarquismo"; esta frase, escrita por Daniel Guérin en El anarquismo, cobra mayor sentido bien entrado el siglo XXI, cuando el contexto social es bien diferente y los anarquistas bien haríamos en tenerlo en cuenta para buscar mayores respuestas libertarias.

Debido a que hay muchas maneras de ser anarquista, aunque resumidas en una profunda aversión a la autoridad coercitiva, en una defensa acérrima del juicio individual y en la búsqueda continua de la solidaridad social, podemos decir también que uno de sus principales rasgos es el antidogmatismo. Es muy complicado concebir una sociedad en la que no exista alguna forma de coacción, aunque sea moral, por lo que los puntos de vista de los anarquistas suelen ser complejos y diversos. Desde que el anarquismo se fue configurando, como corriente antiautoritaria en el seno de la Primera Internacional, mucho es lo que ha cambiado el mundo autoritario y, consecuentemente, las repuestas libertarias han variado y el corpus ideológico se ha enriquecido (por acumulación, tal vez, pero necesariamente también por evolución). Si los anarquistas del pasado se negaron a trazar un pensamiento sistematizado, con un programa excesivamente definido de transformación social, difícilmente el movimiento actual puede seguir reivindicando, sin más, por ejemplo, el comunismo libertario. Sí, las ideas liberarías, como la sociedad por la que trabajamos, son diversas y heterogéneas.

lunes, 6 de marzo de 2017

Modernidad y posmodernidad, la tensión libertaria

Hace ya varias décadas que viene hablándose de una época posmoderna. ¿Es verdaderamente así? ¿Son disquisiciones de los filósofos o puede hablarse de una nueva era en que la que se han producido cambios radicales? Personalmente, es algo que me trae de cabeza desde hace tiempo y la respuesta no es sencilla. Por un lado, considero que las premisas de la modernidad siguen vigentes, por otro, es cierto que el mundo se ha transformado ferozmente en muchos aspectos y merece la pena, al menos, que reflexionemos sobre el asunto.

En primer lugar, no resulta preciso establecer los límites en las diferentes etapas históricas. Ni la modernidad se formó en un momento concreto de la historia, ni mucho menos podemos darla por periclitada tan fácilmente. Hay veces que se establece para el inicio de la modernidad la Ilustración del siglo XVIII, pero el nuevo discurso de la racionalidad científica empezó a formarse en Europa ya en el siglo XV con el descubrimiento de la imprenta, de las artes navegatorias y del Nuevo Mundo. Dicho de otro modo, la modernidad nace con un conjunto de innovaciones tecnológicas, que con el paso del tiempo darán lugar a las revoluciones industriales y al modo de producción capitalista. Tomás Ibáñez, en su ensayo "De la modernidad a la posmodernidad", llama la atención sobre lo que se denomina "tecnologías de la inteligencia"; es decir, aquellas que posibilitan ciertas operaciones de pensamiento inéditas hasta su descubrimiento. Ejemplos de estas tecnologías de la inteligencia son la escritura o la imprenta, por lo que la modernidad sería impensable sin la existencia de los libros impresos y todo lo que ello implica. La razón científica moderna, con su idea de la objetividad, se alimenta de la representación presente en los libros. A mediados del siglo XX, con la aparición del ordenador y el tratamiento electrónico de la información, llega otra tecnología con un gran y determinante efecto social.

miércoles, 1 de marzo de 2017

El anarquismo y la construcción de la identidad personal

El anarquismo constituye una teoría y un sistema en el que el respeto a la diferencia, a la diversidad social, es fundamental; así, se esfuerza en crear las circunstancias para que se respete y se desarrolle libremente la identidad personal, constituida por peculiaridades de cada individuo, frente a todo intento hegemónico de una identidad colectiva.

Es, por tanto, una defensa de la libertad individual (y no a costa de la del prójimo, como en el caso del liberalismo), un respeto por las minorías (frente a las imposiciones de una supuesta mayoría, como es el mismo sistema de la democracia parlamentaria) y un rechazo de todo intento uniformador de una identidad colectiva (nacional, religiosa o de cualquier otra índole, siempre sustentadora de las jerarquías). Se trata, la del anarquismo, de una visión libre y enriquecedora del desarrollo cultural, con una crítica permanente a la tendencia a establecer un modelo ideal del individuo, al estatismo y a la rigidez normalizadora. El anarquismo no posee una idea preestablecida de cómo debe ser el individuo, y será él mismo el que decida libremente cuáles serán sus características personales. Por supuesto, este sistema social propiciado por el anarquismo entra, o puede entrar, en dificultades cuando existen individuos con tendencias claras a no respetar el derecho a la diferencia y al propio desarrollo de cada individuo. Nadie dijo que fuera sencillo, la sociedad propuesta por los anarquistas es compleja. De hecho, puede parecer de entrada paradójico esa defensa de la libertad individual, del propio desarrollo y construcción de una identidad personal (algo que invita a la independencia y a la individualidad), en un contexto social en el que se necesita al mismo tiempo (o por ello) a los demás. Recuperamos así la hermosa, y muy utilizada en la difusión ácrata, cita de Bakunin sobre la libertad individual, que no se limita con la de los demás, sino que se enriquece y completa. Podemos extender esa visión también a la construcción de la identidad personal. Cada persona, en infinidad de interacciones con los demás, y en contextos complejos y plurales, va edificando una identidad personal, que nunca tiene que ser necesariamente estática.

viernes, 24 de febrero de 2017

La ley del número

Nos llega una nueva edición de esta obra de Ricardo Mella, La ley del número, a cargo de la LaMalatesta Editorial, en la que se desmitifica lúcidamente el electoralismo, la democracia representativa y el parlamentarismo.

Ricardo Mella, sin duda unos los grandes pensadores anarquistas en España, se vio vinculado tempranamente al republicanismo federal. Muy pronto, sobresaldría como escritor en diversos publicaciones y su evolución hacia el anarquismo no se haría esperar. Enemigo de todo dogmatismo, se acabaría adhiriendo al anarquismo sin adjetivos de Tarrida del Mármol, tal vez sabiendo que con el paso de los tiempos las ideas libertarias encontrarían nuevos horizontes emancipadores. Es en 1899 cuando publica La ley del número. Hoy, en el que la democracia representativa, a pesar de encontrarse en una evidente crisis, resulta casi incuestionable para gran parte de los mortales, conviene rescatar críticas tempranas desde perspectivas progresistas y liberadoras. Mella nos propone una lúcida obra, que demuele desde su misma base el Parlamento al arrogarse la pretensión de recoger la voluntad de una mayoría. Recordemos que el subtítulo de la obra fue en ediciones pasadas el de "Contra el parlamento burgués". Si alguien considera el término "burgués" algo anticuado, hay que vincularlo directamente a una clase privilegiada y, por ello y de manera obvia, abiertamente conservadora. Sí, nos encontramos en un siglo XXI bien avanzado, pero continuamos viviendo en sociedades en las que no existe una igualdad real ni las necesidades más elementales están aseguradas para todas las personas. La libertad, como es sabido, está vinculada en el anarquismo a la igualdad social, por lo que la democracia política sin ella no es más una farsa.