jueves, 22 de febrero de 2018

La crítica al discurso científico

Dentro del proyecto de la modernidad, el conocimiento científico parecía estar en plena consonancia con la realidad , se correspondería con ella y la representaría con el debido rigor. En disciplinas como la psicología, y más concretamente en la psicología social, se tenía la realidad de unos fenómenos psicosociales que articulaban la cotidianeidad de los seres humanos, a veces con efectos desafortunados (agresividad, discriminación, sumisión a la autoridad, falta de solidaridad...).

Además, se poseían también instrumentos aparentemente eficaces para conocer esa realidad y explicar esos fenómenos, por lo que el papel de los especialistas estaba claro. Por una parte, una realidad, y por otra los instrumentos para comprenderla con exactitud. La gran tarea, a partir de la Ilustración, fue contribuir a la gran tarea del saber, sabiendo que ello conllevaría el bienestar, la armonía y, en suma, la emancipación de la humanidad. Se tenía una confianza firme en el poder liberador del conocimiento científico (que tenía que resultar indiscutiblemente válido). Tomás Ibáñez, en su obra Municiones para disidentes, relata cómo el vivió, aunque fuera tardíamente, estos tiempos de optimismo en los que, al margen de los numerosos obstáculos que iban a encontrar (como la oposición de los poderosos), se sabía al menos cuál era el camino. Se abría un horizonte de progreso ante los ojos de la humanidad y parecía empezar a caminarse hacia él de forma firme y segura.

viernes, 16 de febrero de 2018

La historia crítica del pensamiento, la genealogía de “lo que somos”

Un filósofo como Foucault, durante el periodo en que se está formando intelectualmente, se rebela contra las posiciones filosóficas que dominaban en aquel tiempo; unas posiciones de las que también se alimentará su propio pensamiento y que tienen el postulado esencialista como base, según el cual existiría una determinada forma del ser, fija e inmutable, por debajo de las diversas y circunstanciales formas que puede adoptar el ser en un tiempo o a lo largo de la historia.

Según esta visión, existiría un sujeto esencial tras las diversas modalidades históricas que adopta el sujeto. De la misma manera, existiría a su vez un deseo constitutivo por debajo de lo que le reprime, una verdad y una razón inalterables debajo de los diversos regímenes que ha habido en la historia, una naturaleza humana tras la diversidad cultural, social e histórica, y así sucesivamente.

domingo, 11 de febrero de 2018

El anarquismo como una lógica del comportamiento y de los sentimientos

Insistimos, una vez más, que el anarquismo no es una mera ideología, mucho menos una doctrina relegada al pasado; su fuerza, su sentido eminentemente actual, práctico y realista, estriba en ser más una postura ética ante la compleja realidad humana, una determinada lógica vital y afectiva ante las diferentes situaciones y acontecimientos.

A propósito de la reciente crítica sobre la película del joven Marx, merece la pena realizar unas reflexiones sobre la posibilidad emancipadora actual enfrentada a las tradiciones revolucionarias modernas. Hoy, mucho más si se sigue tomando como un dogma o una verdad científica, el marxismo en sus diferentes versiones debe ser cuestionado. Es más, todo lo que hay de válido en autores marxistas se debe a que se vieron obligados a revisar y adaptar la doctrina y, esto es mi opinión, acercarse en gran medida a las propuestas libertarias. El anarquismo, en cualquier caso, no debió verse ni convertirse nunca en una doctrina o ideología, de tal manera que sus propuestas autogestoras y de rechazo al poder aparecen con fuerza en los movimientos sociales recientes. Si alguien piensa que las ideas anarquistas tienen algún sentido al margen de esas prácticas vitales transformadoras, lo está relegando a las páginas de la historia, la cual nos inspira por supuesto, pero no debe empujarnos a alguna forma de ortodoxia ni hacernos recrear en, únicamente, un bello ideal. Y es que el anarquismo no es, como dice Daniel Colson, una utopía, bella pero irrealizable; es más, en su afán por indagar y potenciar al máximo la vida humana y las relaciones sociales, se le puede considerar como extremadamente realista. El orden impuesto preconizado por Estados y religiones, ese es el verdaderamente utópico, ya que nos mantiene en una realidad permanentemente caótica. Desgraciadamente, en el imaginario popular, a pesar de los numeroso males sociales y de las periódicas crisis, ha calado esa visión de la necesidad de un orden impuesto basado en la jerarquización social y de la imposibilidad de cualquier posibilidad emancipadora.

domingo, 4 de febrero de 2018

El joven Karl Marx

En la cartelera madrileña, puede verse una interesante película, tal vez más por cuestiones políticas y filosóficas, que estrictamente cinematográficas, llamada El joven Karl Marx; el film, al margen de los aciertos y equivocaciones de el autor de El capital, pone de actualidad temas primordiales sobre el movimiento obrero y el desarrollo económico.

La historia recupera al personaje unos años antes de la escritura de el Manifiesto comunista, en torno a 1843, cuando escribía artículos en la Gaceta Renana, periódico liberal opuesto al absolutismo prusiano, donde se vislumbra toda una declaración de intenciones sobre el personaje histórico. La secuencia inicial, donde unos campesinos alemanes que recogen leña son masacrados por soldados a caballo hilvana con un texto de Marx, leído en off, en dicha publicación. En dicho artículo se defiende el derecho de los campesinos, por costumbre tradicional, a recoger leña en la región de Mosela, y se denuncia la nueva legislación que lo prohíbe. Como bien se narra en la película, Marx no se había empapado todavía de los grandes economistas ingleses, Ricardo, Smith o Bentham, algo que hará por la recomendación de Engles, y su gran e influyente obra, El capital, tardará más de dos décadas en llegar. Desde el principio, observamos a un joven Marx, tan lúcido, como vanidoso e intransigente, con una actitud permanente de creerse mucho más listo que los demás. Un  retrato que, es muy posible, sea muy fiel a la realidad. Como puede verse ya en este primera secuencia, la película va a resultar excesivamente erudita y discursiva, tal vez demasiado para los profanos, sin que la habilidad cinematográfica juegue demasiado a su favor.

sábado, 27 de enero de 2018

Esplendor en la noche. Vivencias de Mayo del 68

Este año se cumple medio siglo desde aquel acontecimiento revolucionario, que apenas duró dos meses, pero que tal vez marca todavía la época actual, conocido como Mayo del 68; uno de los primeros libros que se ocupa de su memoria en este momento es Esplendor en la noche. Vivencias de Mayo del 68, que recoge artículos de Tomás Ibáñez, Octavio Alberola, Ariane Gransac, Claire Auzias, Lola Iturbe y Miquel Amorós.

El libro recoge, a través de la voz de estos seis militantes libertarios, sus experiencias del estallido social que supuso Mayo del 68. Tal y como lo expresa Tomás Ibáñez, aquel acontecimiento supuso la eclosión y la explosión de la palabra, una toma colectiva de la misma, una de las mayores que se haya producido en la historia. Puede entenderse que el Mayo francés marca el fin de una época histórica y la apertura de otra, que aún estamos viviendo y, por lo tanto, no podemos hacer una valoración a modo de conclusiones en términos de éxito o de fracaso. Esto es así porque, en gran medida, aquello no supuso proyecto alguno, sino un acontecimiento que no puede explicarse exclusivamente por hechos previos. Por supuesto, existen causas y precedentes del evento, ya que debe inscribirse en una década de espectaculares manifestaciones contestatarias en diversos lugares del mundo, así como la radicalización de los movimientos sociales en Estados Unidos y las exigencias de libertad en países del entorno soviético. Deseos de libertad y de dignidad, inherentes a la especie humana, que deberían permanecer siempre en cualquier forma de sociedad. No puede decirse que el movimiento anarquista influyera explícitamente en todos esos movimientos, por ser minoritario la mayoría de las veces, pero sí podemos decir que el espíritu libertario fue adoptado de una manera espontánea en el Mayo francés. Es así hasta el punto de que puede hablarse de toda una renovación en aquel momento el activismo ácrata, algo que podemos comprobar gracias al texto de Octavio Alberola y Ariane Gransac, esa parte del movimiento anarquista que renunciaba radicalmente a toda tentación ortodoxa, demagógica e inmovilista. Otro ejemplo para tener en cuenta hoy en día, la de la oxigenación permanente de las propuestas libertarias comprendiendo siempre los nuevos escenarios y nuestro papel como antagonistas.

domingo, 21 de enero de 2018

Los acontecimentos revolucionarios en forma de descontento social

Periódicamente, desafiando todo determinismo histórico, se producen ciertas revueltas populares, algunas de ellas de carácter libertario, que rompen con el conformismo y la mediocridad imperantes; son movimientos que, apartándose de la lógica y funcionamiento del sistema, pueden hacer un cuestionamiento radical de lo establecido para acabar reclamando un proceso instituyente de autogestión social.

No, aclaremos antes de cualquier otra cosa, que nada de ello observamos en el proceso catalán, profunda mistificación política, aunque se encubra de deseos emancipadoras por parte de algunos personas del movimiento libertario. No, hablamos de acontecimientos como aquel mayo de París o, recientemente, el movimiento 15M, inequívocamente antiautoritarios. Por supuesto, todos ellos pueden explicarse en gran medida por cuestiones previas, aunque también tienen mucho de inesperados, de forma ajena a todo análisis político, lo cual debería hacernos reflexionar, en aras de la libertad, sobre el desarrollo tantas veces imprevisible de la historia. Claro que existe una fuerza de fondo, que podemos considerar que apela al anarquismo -aunque no siempre reciba ese nombre-, de emancipación social, pero que se manifiesta en forma de estos episodios revolucionarios. Aunque explícitamente podemos hablar de existencia del anarquismo desde hace apenas dos siglos, las revueltas contra toda forma de opresión se llevan produciendo desde siempre en la historia de la humanidad.

domingo, 14 de enero de 2018

La visión del trabajo en el anarquismo moderno

El anarquismo moderno, con sus grandes pensadores y sus enérgicos movimientos, realizó propuestas para la economía y la noción de trabajo, que repasamos hoy en busca de alternativas libertarias para un mundo en el que sigue imperando la explotación de unos seres humanos sobre otros.

Los expertos señalan los distintos sentidos que tiene la noción de trabajo, siendo uno de ellos la idea de "realización humana". Bakunin no diferenciaba al hombre del resto de las especies y quería ver la "necesidad" de vivir trabajando como ley de vida; para el anarquista ruso, el trabajo es garante de la existencia y del desarrollo pleno del hombre. Si algo nos diferencia de los animales es nuestra inteligencia progresiva, por lo que también nuestra capacidad productiva puede serlo. El momento en que el trabajo se hace humano, para el pensador anarquista, es cuando no solo satisface las necesidades fijas y limitadas de la vida animal, sino también las necesidades sociales e individuales del ser pensante y hablante "que pretende conquistar y realizar plenamente su libertad". Esta ingente tarea, que Bakunin define como "ilimitada" corresponde, no solo al desarrollo intelectual y moral del hombre, también forma parte del proceso de emancipación material. Esa liberación de algunas ataduras naturales (hambre, dolor, clima, dependencia del medio...) es liberación parcial del miedo inherente a la existencia animal, algo que tiene una función positiiva al actuar como motor de esa lucha perpetua. Bakunin también quería ver, como continuación a ese miedo existencial, el fundamento de la religión. Es posible, como creemos que sostienen los científicos, que seamos el mismo "animal" que hace decenas de miles de años, y aunque podamos dudar de la mejora intelectual y moral que puede haber tenido el ser humano en ciertos aspectos, el potencial para progresar en todos los ámbitos y para transformar el medio siguen siendo enormes (otra cosa, parece, la voluntad o posibilidades para hacerlo según el contexto en que nos encontremos).